sábado, 14 de octubre de 2017

SUERTE

No más promesas que no vayas a cumplir.
No más veces un “siempre te amaré”.
Porque el tiempo es muy largo y
los sentimientos tienden a perecer.

Prométeme un mañana vivo,
y un hoy, dulce y sentido.
Promete por las noches las caricias
y besos menos permitidos.

Pero no jures para siempre.
No jures por amor.
Los sentimientos van y vienen
y de ese viaje sólo nace dolor.

Pero jura por la noche
que mañana al despertar,
lo primero que nuestros ojos hagan
es volverse a encontrar.

Un sueño puede ser profundo,
un sentimiento fuerte,
una vida larga y plena
pero el amor es pura suerte.

Suerte por encontrarte.
Suerte por mantenerte.
Suerte por vivirlo contigo
y cada día conocerte.






lunes, 9 de octubre de 2017

Mi "Yaya" en mi recuerdo

Lorenza, amiga, yaya, madre y esposa ejemplar.

Te has ido tal y como viviste: luchando, amando y siendo amada por todos los que te conocían.

Has sido un ejemplo de superación y fortaleza, la luz que nos ha guiado y nos seguirá guiando siempre, la que nos enseñaba, nos cuidaba y nos hacía sacar lo mejor de nosotros.

Eras la amiga de todos aquellos que te conocían y que nunca olvidarán, la yaya que siempre tenía la puerta abierta para que fuéramos porque nuestra presencia te encantaba, la madre que anteponía sus hijos a ella misma y la esposa perfecta, la que jamás podría haber amado más a su marido y que se desvivía por él. No padezcas, ahora nos toca estar a tu altura con él.

Te has apagado, pero sólo temporalmente, cada vez que nos acordemos de ti, que te soñemos, volverás a brillar, porque algo que ha tenido tanta luz, en realidad nunca se apaga.

Ahora descansa, ven a vernos cuando quieras porque ya sabes que todos aquí lo deseamos.

No existen palabras para agradecerte todo lo que has hecho.


Te quiero.



lunes, 21 de noviembre de 2016

ESENCIA



Sólo se me ocurre una palabra cada vez
que preguntas: -¿Qué te gusta de mí?
-Esencia- te respondo y no sabes lo que es.
Siete letras que resumen la magia de vivir.

Es cada suspiro que provoca tu recuerdo,
tus caricias erizando mi piel,
tu voz resonando en mi cabeza
y el deseo de entender tu ser.

Cada sonrisa que nace en conjunto,
cada latido que lo hace a la par,
ésas son las pinceladas de tu esencia,
¿merece la pena luchar?



sábado, 22 de octubre de 2016

LA CIMA ESTÁ CERCA

     Habíamos llegado al aparcamiento a una hora más que decente. El día no había comenzado más que a despuntar sobre el valle. Cogimos las mochilas, cargadas como si nos fuéramos una vida entera y nos las echamos a la espalda. Su peso era abrumador, pero formaba parte del sacrificado ritual para completar nuestra misión, encontrarnos con nosotros mismos lejos de donde habita la gente.
     Empezamos el camino, paso a paso, recorriendo la parte baja del valle. El bosque nos envolvía con su fresco aliento y la hierba, húmeda, aliviaba nuestros pasos. La senda poco a poco iba subiendo, atrás dejábamos el trino de los pájaros. El valle ascendía más y más

sábado, 24 de septiembre de 2016

EL MAR DE LAS LÁGRIMAS

Salieron de buena mañana en una pequeña barca. Su familia merecía algo mejor que la incertidumbre de no saber si seguirían vivos al amanecer. Una semana antes las bombas acompañaban su sueño en su pequeño pueblo pero ese día era el canto del mar el que les susurraba que iban hacia una nueva vida, hacia una nueva oportunidad. Eran optimistas, pero faltaba un último esfuerzo.

El trayecto entre la costa turca y la isla griega era corto, pero sólo tardó cinco minutos en desatarse el horror. La barca volcó y todos cayeron al agua. El padre vió como sus hijos se hundían en las profundidades, trató de agarrarlos pero sus pequeñas manos se escurrieron entre sus dedos. No los volvió a ver. Sus lágrimas se mezclaban con el agua. Así me lo encontré yo, flotando a la deriva. Lo metí en mi barca y me lo llevé a la costa. Allí me narró la cruda realidad de lo que había vivido.


En ese mar hace dos mil años que ya no cantan las sirenas. Ahora sólo se oye el rumor callado de los que no llegaron, el llanto silencioso de los niños que nunca crecerán. Las sirenas callan, los niños callan y los padres lloran. Solamente el susurro de las olas nos lo cuenta. Ya no hay más sufrimiento, o eso ven nuestros ojos vendados.